Aviones de combate del ejército de Pakistán ejecutaron una serie de bombardeos aéreos en la provincia de Kandahar, Afganistán, impactando directamente en un complejo militar que sirvió como residencia histórica del fundador del movimiento talibán y que actualmente funciona como base de las fuerzas especiales del líder supremo. La operación militar no dejó bajas fatales registradas, aunque causó múltiples incendios y detonaciones de gran magnitud que destruyeron vehículos e infraestructura en el sitio.
El ministro de Información de Pakistán, Attaullah Tarar, confirmó que las incursiones aéreas alcanzaron 10 puntos estratégicos en territorio afgano y justificó la ofensiva señalando que grupos armados operan, almacenan y despliegan drones desde suelo afgano para perpetrar ataques transfronterizos. Tras los bombardeos, las tropas paquistaníes reportaron haber repelido un intento de incursión de combatientes afganos en el sector de Gulistan, provocando bajas insurgentes e intensificando los enfrentamientos armados en la línea fronteriza.
Las fricciones bilaterales se han agudizado debido a que Islamabad acusa al régimen talibán de refugiar al grupo Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), facción a la que responsabiliza de atentados terroristas recientes en suelo paquistaní. Por su parte, el gobierno de Kabul niega rotundamente brindar cobijo a células extremistas y atribuye los incidentes de violencia a fallas operativas de la seguridad interna de Pakistán.








