Sudamérica comienza a ganar espacio en el mapa global de la inteligencia artificial y uno de los empresarios tecnológicos que ha puesto la mirada en la región es Peter Thiel, cofundador de Palantir, quien ha estrechado sus vínculos con Argentina durante el gobierno de Javier Milei.
La presencia de Thiel en el país y sus reuniones con Milei y funcionarios argentinos han alimentado el debate sobre el papel que Argentina podría desempeñar como espacio de experimentación para nuevas tecnologías. DW reportó que el empresario incluso adquirió una propiedad en Buenos Aires, mientras organizaciones civiles y especialistas han expresado preocupación por posibles usos de sistemas de análisis masivo de datos.
El interés no se limita a Palantir. Argentina busca atraer inversiones relacionadas con inteligencia artificial y centros de datos, especialmente hacia la Patagonia, una región con disponibilidad energética, bajas temperaturas y amplios espacios. Reuters reportó que empresas e inversionistas tecnológicos analizan proyectos de gran escala, aunque varios todavía se encuentran en etapas iniciales.
Uno de los proyectos que ha generado mayor atención es el anunciado por OpenAI, que contempla una posible inversión de hasta 25 mil millones de dólares para infraestructura de centros de datos en la Patagonia, aunque todavía no existe un contrato definitivo.
El fenómeno ocurre mientras otros países latinoamericanos también desarrollan políticas para aprovechar la inteligencia artificial. La CEPAL identifica avances regionales en adopción, infraestructura y regulación, pero advierte que persisten brechas de inversión, talento y capacidades.
El debate, por tanto, no se limita a atraer capital tecnológico: también plantea cómo garantizar protección de datos, supervisión y reglas claras mientras Sudamérica busca participar en la nueva economía de la inteligencia artificial.








