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Fuerzas rebeldes de la región de Tigray, al norte de Etiopía, tomaron el control de aeropuertos estratégicos y entablaron combates directos contra el ejército federal en zonas adyacentes. La escalada bélica marca el inicio de un conflicto abierto a gran escala, desencadenado tras meses de crecientes disputas políticas y territoriales entre las autoridades regionales y el gobierno central etíope.

La captura de las terminales aéreas busca bloquear el despliegue de refuerzos militares por parte de las fuerzas federales y asegurar la logística de la insurgencia. En respuesta, las tropas del gobierno lanzaron operaciones para intentar contener el avance de los insurgentes, registrándose intensos enfrentamientos con armamento pesado en las fronteras regionales.

La ruptura del orden constitucional en la zona genera extrema preocupación en el Cuerno de África, donde organismos multilaterales alertan sobre un posible desplazamiento masivo de civiles y una crisis humanitaria. Las potencias internacionales exigieron el cese de las hostilidades y el inicio inmediato de un diálogo, ante el riesgo de que el conflicto desestabilice a toda la región.