Han pasado casi dos semanas desde que el Huracán Otis azotó con toda su fuerza a Acapulco y lo dejó devastado, pero la necesidad y sobre todo el orgullo se ser acapulqueño, empieza a aflorar para tratar de revivir la vida comercial y hasta la nocturna, actividad muy característica del emblemático puerto.
Nada comparado con ese Acapulco de vida nocturna, con luces neón por todos lados música bullanguera, perreo, y los altos decibeles que aturden los oídos de los cientos de turistas que hasta hace unos semanas recorrían la costera de Acapulco.
Esa Costera, pletórica de bares, restaurantes, comercios y cientos de turistas, hoy es apenas un recuerdo.
Sin embargo, la característica bullanguera de los acapulqueños les impulsa a reabrir poco a poco algunos bares y restaurantes en un intento por revivir ese bello Acapulco pero al mismo tiempo para sobrevivir como habitantes de esa zona siniestrada.
Los habitantes de Acapulco acusan nulo apoyo de los gobiernos municipal, estatal y federal lo que agudiza la escasez de comida y víveres en general.
Por ello, algunos dueños de bares y restaurantes han decidido reabrir sus negocios con una discreta oferta de bebidas y comida pues la falta de insumos y artículos les obliga a un menú básico, con lo que se tiene a la mano o lo que se puede conseguir.
De hecho se tienen que surtir hasta Chilpancingo, pues en Acapulco aún no hay surtido de víveres. Poco a poco las tiendas departamentales empiezan a surtir sus tiendas que fueron vandalizadas en los días posteriores al huracán.
La clientela no es mucha, reconocen, y se trata de gente local, pues de turistas, ni hablar. No han regresado y por lo que se nota, tardarán mucho en regresar.
Pero la gente requiere ingresos para poder comprar lo que necesitan desde comida hasta medicinas, las pocas que se pueden conseguir.
Es por eso que poco a poco algunos bares y restaurantes, así como tiendas de autoservicio, empiezan a reabrir, con su oferta discreta pero pujante, mientras en la costera también se escucha algún negocio que pone música en un intento por empezar a revivir a Acapulco y decir: “estamos de pie”.