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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que estaría dispuesto a permitir que fabricantes chinos de automóviles instalen plantas en territorio estadounidense, siempre que generen empleos para trabajadores locales. Sin embargo, marcó una diferencia: rechazó que esas empresas fabriquen vehículos en México para después exportarlos al mercado estadounidense.

La declaración ocurre en un momento particularmente relevante para México. Washington y el gobierno mexicano aceleran sus negociaciones para alcanzar un acuerdo comercial bilateral antes de las elecciones legislativas estadounidenses de noviembre. Entre los principales puntos de discusión están la inversión china y el contenido de origen asiático en los vehículos producidos en México.

La preocupación estadounidense no es nueva. Legisladores de ambos partidos han presionado para impedir que fabricantes chinos utilicen México o Canadá como plataformas para ingresar al mercado estadounidense. En abril, senadores pidieron expresamente bloquear vehículos chinos ensamblados en ambos países.

México también enfrenta presión para reducir la presencia china en su sector automotriz. Fabricantes asiáticos han ganado participación en el mercado mexicano y algunas empresas buscan ampliar su producción en el país, mientras Washington exige reglas más estrictas sobre el origen de componentes y vehículos destinados a Norteamérica.

Así, la declaración de Trump coloca nuevamente a México en el centro de la disputa comercial entre Estados Unidos y China, con posibles consecuencias para futuras inversiones, plantas automotrices y las condiciones del comercio regional.