Bajo una tonelada de piedra y siglos de ocultamiento, arqueólogos del Proyecto Templo Mayor descubrieron un importante depósito ofrendatorio en el corazón de la antigua Tenochtitlan. El hallazgo contempla 43 reliquias milenarias talladas en piedra verde, acompañadas por más de cuatro mil elementos de origen marino, entre conchas, caracoles, corales y restos de fauna acuática, colocados meticulosamente como parte de un ritual mexica dedicado a sus deidades.
Las piezas de piedra verde, asociadas con el agua, la fertilidad y la regeneración de la vida, corresponden a figuras antropomorfas y cetros de origen mezcala, así como a cuentas e insignias de alto valor simbólico. De acuerdo con los especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), estas reliquias prehistóricas habrían sido objeto de saqueo o tributo por parte de los mexicas en regiones conquistadas del actual estado de Guerrero, para ser posteriormente relanzadas como ofrendas sagradas en el recinto ceremonial.
El contexto arqueológico, hallado en una de las cajas de piedra del recinto sagrado, aporta datos clave sobre las prácticas religiosas, las redes de comercio y la cosmogonía de Tenochtitlan en su periodo de mayor esplendor. El equipo de conservación trabaja en el análisis, limpieza y catalogación del material biológico e histórico, asegurando la preservación de estas piezas que reescriben el conocimiento sobre los rituales del México prehispánico.









