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Durante la presentación de su informe anual, el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, cifró en 8 mil 083 millones de dólares las pérdidas generadas por el embargo estadounidense entre marzo de 2025 y febrero de 2026, un incremento del siete por ciento frente al ciclo anterior que elevó el acumulado histórico a 178 mil 700 millones de dólares.

Ante el cuerpo diplomático y medios acreditados, el canciller caracterizó las restricciones como una maquinación sistemática de «asfixia económica» orientada a fracturar la estabilidad interior de la isla. Según la exposición oficial, el cerco financiero estrangula la operatividad nacional al colapsar redes de distribución eléctrica, sistemas de abastecimiento hídrico, cadenas logísticas de alimentos y la red hospitalaria pública.

La crisis energética encabeza el desglose de daños presentado por La Habana. Al cierre de mayo de 2026, el déficit de energéticos rozó los 2.7 millones de toneladas métricas, dejando fuera de servicio unos mil 400 megavatios de capacidad instalada y provocando cortes prolongados que superaron las veinte horas diarias en los hogares, además de paralizar los equipos de bombeo de agua potable.

En el sector agroalimentario, la escasez de diésel redujo a solo dos horas diarias el rendimiento de las máquinas de riego agrícola —cuya demanda operativa exige dieciséis horas—, mientras que organismos internacionales documentaron que unas 20 mil toneladas de víveres destinados a sectores vulnerables permanecieron varadas por falta de transporte.