En sus primeras semanas de gestión, el presidente Abelardo de la Espriella ordenó una serie de tres bombardeos de alta precisión que terminaron por consolidar el ataque más letal contra las estructuras guerrilleras en años. La ofensiva militar marca la ruptura definitiva con la política de «Paz Total» impulsada por la administración de Gustavo Petro, girando hacia una estrategia de combate directo y uso de la fuerza del Estado contra los grupos armados al margen de la ley.
El nuevo gobierno oficialista fundamenta este viraje en la necesidad de restablecer el control territorial y la seguridad nacional, apelando al endurecimiento de las operaciones de las Fuerzas Militares. Para la ejecución de estas acciones de alto impacto, la administración de De la Espriella ha reactivado de forma prioritaria los esquemas de cooperación militar y de inteligencia con Estados Unidos, combinando tecnología de rastreo avanzado y logística estratégica de defensa.
Los recientes ataques aéreos han desarticulado importantes campamentos y mandos de las agrupaciones irregulares en zonas de alta conflictividad del país. Con este cambio de doctrina, el Ejecutivo colombiano envía un mensaje claro a la comunidad internacional y a los actores del conflicto, priorizando el uso del poder de fuego sobre los procesos de negociación para neutralizar las amenazas criminales en el territorio nacional.







