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Una intensa ola de calor y sequía atribuidas al cambio climático han llevado a niveles críticamente bajos las cuencas de los principales ríos de Europa, como el Rin y el Danubio, provocando un caos logístico en las empresas de transporte fluvial que amenaza con repercutir directamente en los consumidores.

La situación es especialmente grave en la sección alemana del Rin —corredor clave para el comercio del continente desde Rotterdam—, donde el nivel del agua en el punto crítico de Kaub cayó hasta los seis centímetros el pasado 14 de agosto, rompiendo el récord mínimo de 2018. Gigantes logísticos como Maersk advierten que la mayoría de sus puertos fluviales se encuentran inaccesibles para barcazas, mientras que firmas como Contargo han implementado recargos que superan los 1,000 euros por contenedor. Debido a la dificultad para trasladar insumos a granel, como hidrocarburos, químicos y cereales, hacia camiones o trenes, especialistas prevén incrementos sostenidos de costos a lo largo de toda la cadena de suministro.