El reciente ataque militar de Israel contra la base aérea de Abu al-Duhur, ubicada en el norte de Siria, provocó un profundo malestar en los más altos niveles de la administración estadounidense. La acción militar fue calificada públicamente por el enviado especial de Estados Unidos, Tom Barrack, como una «escalada innecesaria» que entorpece de manera directa los esfuerzos diplomáticos liderados por Washington para estabilizar la región.
El incidente ha dejado al descubierto una creciente fricción estratégica entre la administración de Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. Funcionarios en Washington han expresado una frustración cada vez mayor ante las constantes operaciones unilaterales del gobierno israelí en suelo sirio, señalando que estas maniobras complican los canales de negociación y elevan drásticamente el riesgo de un conflicto regional a gran escala.









