Un incendio forestal sin precedentes golpea la reserva natural de las Altas Fens (Hautes Fagnes), en el este de Bélgica, donde el fuego ha calcinado cerca de 3.000 hectáreas. El siniestro se perfila como el más destructivo registrado en el país en un siglo, afectando gravemente a un ecosistema de humedales único cerca de la frontera con Alemania.
Aunque las lluvias recientes y el descenso de las temperaturas han ayudado a contener la expansión de los frentes principales hacia localidades como Jalhay y Monschau, la extinción total sigue siendo incierta. La naturaleza del suelo de turba —materia orgánica que puede arder de forma subterránea a bajas temperaturas sin generar llamas visibles— amenaza con mantener focos activos bajo tierra durante semanas o meses.
Las operaciones de emergencia se concentran en la provincia de Lieja con el despliegue de 500 bomberos, militares y helicópteros internacionales de países vecinos. Además, alrededor de 600 personas han sido evacuadas en municipios como Waimes y Bütgenbach por la densidad del humo. Expertos advierten que la restauración ecológica de las capas profundas de turba podría tardar décadas o incluso siglos.









