Ante el fracaso de las negociaciones diplomáticas para alcanzar un acuerdo definitivo que ponga fin al conflicto bélico iniciado el pasado 28 de febrero, el gobierno de Irán decidió cambiar su estrategia defensiva por una política «totalmente ofensiva», según reveló un alto funcionario iraní a la agencia Reuters.
El estancamiento en las conversaciones de paz y en la reanudación del tráfico de petroleros a través del estratégico estrecho de Ormuz llevó a Teherán a ordenar a sus entidades nacionales prepararse para una intensificación de las tensiones regionales, advirtiendo sobre la ejecución de un ataque militar preciso si fracasan los canales de diálogo.
La ruptura de los entendimientos se consumó este lunes al cumplirse el plazo del memorando firmado el pasado 17 de junio, un pacto provisional de sesenta días que contemplaba la cesación permanente de hostilidades, la limitación nuclear iraní y el levantamiento de sanciones estadounidenses.
Sin embargo, el acuerdo colapsó debido a una disputa directa sobre el control marítimo del paso comercial, luego de que Teherán interpretara que el pacto le otorgaba facultades exclusivas de gestión en la vía fluvial —compartida con Omán—, mientras Washington rechazó categóricamente dicha condición.
En respuesta a las advertencias iraníes, el presidente estadounidense Donald Trump señaló en una entrevista televisiva que Teherán “debería izar la bandera blanca de la rendición”, oscilando una vez más entre la presión militar y la exigencia de subordinación de la nación persa.









