El hogar, considerado tradicionalmente como un espacio de protección, puede convertirse en uno de los lugares más peligrosos para mujeres y niñas. Naciones Unidas advierte que la violencia letal contra ellas presenta una marcada diferencia respecto a los homicidios de hombres: en muchos casos, los agresores son precisamente personas cercanas a las víctimas.
De acuerdo con estimaciones de ONU Mujeres y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), alrededor de 50 mil mujeres y niñas fueron asesinadas en 2024 por sus parejas o familiares, lo que equivale a una víctima cada 10 minutos. Estos casos representaron aproximadamente 60% de todos los homicidios intencionales de mujeres y niñas registrados durante ese año.
La diferencia frente a los hombres es significativa. Mientras seis de cada diez mujeres asesinadas fueron víctimas de una pareja o integrante de su familia, estos agresores estuvieron involucrados en 11% de los homicidios de hombres. La ONU señala que esta disparidad evidencia el riesgo particular que enfrentan las mujeres dentro del ámbito privado.
El fenómeno forma parte de lo que Naciones Unidas identifica como muertes relacionadas con el género o feminicidios, consideradas la expresión más extrema de la violencia contra mujeres y niñas. ONU Mujeres advierte que estos asesinatos con frecuencia ocurren después de otras formas de violencia, como amenazas, acoso, control o agresiones físicas y sexuales.
Las cifras también podrían representar sólo una parte del problema. Para aproximadamente cuatro de cada 10 homicidios intencionales de mujeres y niñas no existe información suficiente para determinar si estuvieron relacionados con motivos de género, debido a deficiencias en los sistemas de registro e investigación de distintos países.
Por regiones, África registró en 2024 la tasa más alta de asesinatos de mujeres cometidos por parejas o familiares, con tres víctimas por cada 100 mil mujeres y niñas. En América la tasa fue de 1.5 por cada 100 mil.
Para Naciones Unidas, los datos refuerzan la necesidad de detectar tempranamente las señales de violencia, fortalecer la respuesta de las autoridades y garantizar mecanismos de protección para evitar que la violencia escale hasta convertirse en mortal.











