La FIFA ha reconocido públicamente haber cometido errores significativos en la gestión del proyecto de privatización relacionado con el Mundial 2026. Gianni Infantino, presidente del organismo, ofreció disculpas tras el fracaso del plan para vender participaciones de la Copa del Mundo a través de la filial FIFA Forward Enterprise (FFE). Esta propuesta, que finalmente fue descartada, generó una fuerte agitación interna y externa sobre cómo se deben manejar los activos comerciales del fútbol global.
A pesar de la controversia, Infantino recibió un voto de confianza por parte de la alta dirigencia durante una cumbre celebrada en Rabat, Marruecos. Miembros clave, incluido el secretario general Mattias Grafström, reafirmaron su pleno apoyo a la presidencia actual, buscando proyectar un frente unido ante las críticas. Sin embargo, este respaldo ocurre en un clima de tensión, dado que algunos directivos se habían distanciado previamente de las decisiones del presidente.
En contraste con el apoyo interno, diversas organizaciones internacionales y figuras del fútbol han exigido una reforma profunda en la gobernanza de la institución. La asociación de ligas europeas, que integra a competiciones como la Premier League y LaLiga, calificó los planes de Infantino como «peligrosos» y cuestionó la cultura interna de toma de decisiones. Incluso exjugadores como Luis Figo han solicitado la dimisión de Infantino, argumentando que sus acciones han degradado la dignidad del cargo.
El panorama para la FIFA se mantiene incierto de cara a las elecciones de marzo, con la UEFA y la Concacaf expresando una notable pérdida de confianza en el liderazgo actual. Aunque el proyecto FFE quedó descartado, la presión por democratizar los procesos de decisión y garantizar la transparencia persiste. El organismo ha advertido que tomará medidas para proteger su reputación, pero el descontento de los principales actores del fútbol mundial sugiere que la crisis de gobernanza aún no ha terminado.










