El ministro de Asuntos Exteriores de Turquía, Hakan Fidan, acusó a Israel de actuar como un «saboteador» de los esfuerzos de paz. El jefe de la diplomacia turca afirmó que, mientras Hamás cumple sus compromisos, Israel bombardea hospitales y asesina a civiles palestinos, sumándose a sus dichos donde calificó al Estado judío como «una carga insostenible».
La reacción de Tel Aviv fue inmediata. El canciller israelí, Gideon Sa’ar, tildó las declaraciones de Hakan Fidan como «incitación al genocidio» y acusó a Ankara de albergar el mando de Hamás. Por su parte, Turquía sostiene que Israel busca fabricar un enemigo externo para obtener rédito político.
Esta retórica liquidó la posibilidad de que Turquía actúe como mediador en el conflicto en Gaza, rol que Israel prefiere delegar en Egipto o Qatar. Además, genera fricciones dentro de la OTAN por las posturas del presidente Erdogan y sus aliados. Finalmente, la crisis consolidó el bloqueo total del comercio bilateral, suspendiendo un intercambio comercial que generaba miles de millones de dólares.









